Luz para fotografía: una guía práctica
La iluminación fotográfica para productos y retratos se reduce a dos tareas diferentes. Una toma de producto necesita luz uniforme, color preciso y sin reflejos que distraigan. Un retrato necesita modelación, una luz de captura agradable y tonos de piel que parezcan naturales. A veces una lámpara puede hacer ambas tareas, pero la configuración a su alrededor será distinta.
Para productos, el enfoque habitual es luz suave y uniforme desde dos lados, con el producto sobre un fondo liso. La suavidad importa más que el brillo: una luz dura crea reflejos intensos en envases brillantes y sombras profundas detrás del producto. Alejar la luz o rebotarla la suaviza sin comprar equipo nuevo.
Para retratos, la luz se coloca para modelar el rostro. Una luz principal a un lado, un relleno más débil al otro lado y una luz de captura en los ojos son lo básico. Un aro de luz proporciona la luz de captura automáticamente, porque la cámara mira a través del centro de la luz. Un panel o tubo de luz requiere una colocación más cuidadosa para lograr el mismo efecto.
La precisión del color importa para ambas tareas, y más para productos. Si un comprador juzga un producto por su fotografía, la reproducción cromática de la luz decide si la fotografía es fiable. Por eso vale la pena comprobar las cifras altas de reproducción en una página de detalle antes de pedir una luz para trabajo de producto.
Por último, la consistencia importa en un conjunto de fotografías. Una luz que mantiene su brillo y color durante una sesión larga da a un catálogo un aspecto uniforme. Una luz que se desvía obliga a corregir después, lo que cuesta tiempo. Pregunte por la estabilidad y el tiempo de funcionamiento en una consulta si la sesión es larga.